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En memoria de Manuel

Manuel Sánchez Arenas

El domingo día 23 de octubre se marchó Manuel  al lado de nuestro Padre Dios. Muchos miembros de la Provincia pudimos verle por última vez en el encuentro con Marie Hélène en Madrid al comenzar el mes de octubre. El sábado participó en un encuentro de voluntarios que organizaba Plena Inclusión en el que Manuel se mostró feliz y muy participativo, junto con las risas y bromas que se hacían unos a otros. Se sentía feliz. Está mejor dicho: era una persona feliz.

Manuel era una persona tocada por Dios a través de la música, por medio de su guitarra (su compañera). Era servicial y siempre que se le pedía que fuera a tocar algún sitio, él lo hacía con ilusión. Estaba en dos corales, en bailes regionales, en el coro de la parroquia y también a través de la música llegó a encontrarse con el gran mundo de las personas con discapacidad intelectual.

Manuel: en Fe y Luz se te invitó para que acompañaras los cantos y por medio de eso hizo Dios que te convirtieras en un miembro más de nuestra Comunidad Eulalia. Tu participación era muy importante.

Un día te invité a que conocieras y participaras en el taller de música del club de ocio para chavales con discapacidad intelectual. Allí también llegaste y te quedaste.

Estas pasadas Navidades ¡con qué ilusión acompañaste a los chavales a cantar por las residencias de mayores y fuisteis por las calles de Mérida cantando y tocando tu guitarra con todos ellos!

La música era parte de ti, de tu vida, y con los acordes de tu guitarra ibas repartiendo alegría, sonrisas, esperanza, cariño, paz… ¡Con qué fe cantabas y alababas a Dios! Y a la vez nos acercabas a todos más a Él.

Querido Manuel: hoy cuando tu presencia física ya no está entre las personas, te comparo con las estrellas que se ven en la noche, que parecen tan pequeñas, pero son mundos enormes. Tú eras una persona callada, como si quisieras que tu presencia no se notase; pero no era así porque dentro de ti había grandes dones que compartías con todos, y aún después de tu fallecimiento continuaste dando, porque donaste órganos para que la vida pueda seguir en otras personas.

Doy gracias a Dios por haberte puesto en mi vida, por todo el bien que me hiciste a mí y a tantas personas. Tu música seguirá en los que te conocimos, lo mismo que el testimonio de tu vida porque fuiste y seguirás siendo luz. Esa luz que nos guiará hacia el camino de Dios.

Conchi Fernández Sánchez

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