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Cinco actitudes frente a la discapacidad

Jean Vanier observa cinco actitudes diferentes en las sociedades occidentales hacia las personas con discapacidades intelectuales.
La primera consiste en ver la discapacidad como una señal de desorden que se ha de suprimir.
“Esta actitud persiste hoy, como vemos en los altos índices de aborto selectivo de niños no nacidos que han sido diagnosticados con una discapacidad. Por ejemplo, ahora en Francia es muy difícil que las mujeres decidan seguir adelante con el embarazo de un feto con síndrome de Down debido a la presión que ejercen sobre ellas los médicos para que aborte” (JV- Conferencia inédita)
La segunda se ve con frecuencia: esta “actitud calificada como caritativa se caracteriza por la lástima y quienes cuidan de los pobres son considerados santos por la gente en general”.
La tercera actitud es la que adoptan las personas y los profesionales que reconocen con respeto y compasión que las personas con discapacidades son “realmente seres humanos que pueden crecer y progresar”. El resultado es un cuidado competente y atento, escuelas integradas, oportunidades de trabajo y una vida independiente.
Vanier sugiere una cuarta actitud, menos común, que “ha surgido de la tercera”: consiste en caer en la cuenta de que “cuando te relacionas con personas con discapacidades puede suceder algo bueno”. Puede brotar la comunión y se puede disfrutar de una amistad auténtica e incluso transformadora.
Vanier elije con cuidado sus palabras para describir la quinta actitud: “Algunos descubren que las personas con discapacidades pueden llevarlos hacia Dios. Son un camino que conduce hacia una experiencia de Dios. Las personas con discapacidades son necesarias para la totalidad del cuerpo, de la humanidad”. Este proceso, aclara Vanier rápidamente, “humaniza la discapacidad, no la espiritualiza”.

Carolyn Whitney-Brown, “Escritos Esenciales de Jean Vanier” P 49

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